Cuando la moda se aprende desde dentro: alumnes de IDEM en la Semana de la Moda de París

Line-up del desfile «Vertige» del diseñador Rafael Urquizar en la Semana de la Moda de París

Hace unos días, seis alumnes de IDEM vivieron algo que probablemente recordarán durante mucho tiempo: viajar a París para participar como vestidores en Vertige, el desfile del diseñador español Rafael Urquizar, presentado en el marco de la Semana de la Moda de París.

París. Un desfile. La Semana de la Moda.
Para cualquiera que estudie moda, esas palabras son un sueño.

Pero cuando te encuentras allí, en medio de todo, te das cuenta de algo muy rápido: la moda no ocurre solo en la pasarela. Ocurre en los minutos previos, en los nervios del equipo, en el ritmo frenético de los cambios de vestuario, en las manos que ajustan una prenda a toda velocidad para que todo salga perfecto.

Ahí es donde realmente se entiende cómo funciona este mundo.

El backstage: donde la moda se vuelve real

Si la pasarela es el momento visible, el backstage es el corazón del desfile.

Minutos antes de que comience el desfile, el ambiente tiene algo eléctrico. Hay modelos cambiándose a toda velocidad, estilistas revisando looks, maquilladores dando los últimos retoques, prendas colgadas en orden milimétrico… y mucha gente concentrada intentando que todo fluya.

Cada look tiene un orden. Cada salida tiene un momento exacto.

Y ahí es donde entra el trabajo de quienes están ayudando a vestir a las modelos. El papel de vestidor puede parecer pequeño desde fuera, pero dentro del backstage es fundamental. Son quienes preparan las prendas, ayudan en los cambios rápidos y se aseguran de que cada modelo salga exactamente como el equipo creativo lo ha imaginado.

A veces los cambios duran segundos.
A veces algo no encaja y hay que reaccionar rápido.
A veces simplemente hay que mantener la calma mientras todo pasa muy deprisa.

Es un lugar intenso, sí. Pero también es uno de los mejores lugares para entender cómo funciona realmente un desfile.

Cuando descubres que la moda es un trabajo de equipo

Una de las primeras cosas que se perciben en un desfile es que nadie trabaja solo. Un desfile es un engranaje enorme donde cada persona tiene un papel: diseñadores, estilistas, modelos, asistentes, peluquería, maquillaje, producción, iluminación, sonido, fotógrafos… y todo el equipo que trabaja entre bastidores. Cada detalle cuenta. Cada gesto suma.

Para quienes están empezando en el sector, vivir esto desde dentro cambia completamente la forma de entender la moda. De repente todo lo que parecía lejano o glamuroso se convierte en algo muy concreto: trabajo, coordinación, rapidez, confianza en el equipo. Y ahí es donde empieza a sentirse la industria de verdad.

Compartir algo así con tus compañerxs

Hay otra cosa que hace que experiencias como esta sean especiales: no vivirlas solo. Viajar a otra ciudad, enfrentarse a un entorno profesional nuevo y hacerlo junto a compañerxs de la escuela crea un tipo de recuerdo muy particular.

Son días intensos. Hay nervios, cansancio, momentos divertidos, aprendizajes rápidos y la sensación constante de estar viviendo algo que no pasa todos los días. Y muchas veces, cuando termina todo y vuelve la calma, es cuando aparece la verdadera dimensión de la experiencia. Porque no solo han participado en un desfile. Han vivido un pequeño pedazo del mundo al que quieren dedicarse.

Aprender la moda más allá del aula

En IDEM creemos mucho en algo: la moda también se aprende fuera de clase.

Por supuesto que hay teoría, análisis, proyectos, investigación, creatividad. Todo eso es fundamental. Pero cuando tienes la oportunidad de ver cómo se prepara un desfile real, cómo trabaja un equipo creativo o cómo se organiza un backstage, muchas piezas empiezan a encajar. De repente entiendes mejor los tiempos de la industria, las decisiones que hay detrás de cada look, el nivel de precisión que requiere todo. Y también sientes algo importante: la energía que tiene la moda cuando sucede de verdad.

Un agradecimiento muy especial

Experiencias como esta solo ocurren cuando profesionales del sector abren las puertas de su trabajo a quienes están empezando.

Por eso queremos agradecer especialmente a Rafael Urquizar, que ha contado con alumnes de IDEM para formar parte de su equipo en numerosas ocasiones. Para una escuela, que un diseñador confíe en sus estudiantes y les permita participar en procesos reales de trabajo es algo muy valioso. Significa darles una oportunidad de aprendizaje que difícilmente se olvida. Y también significa tender puentes entre la formación y la industria, algo que creemos que es fundamental para quienes quieren construir su camino en la moda.

Cuando la moda deja de ser algo lejano

Participar en un desfile durante la Semana de la Moda de París no es solo una experiencia emocionante, es también un momento en el que muchas cosas empiezan a tomar forma. La moda deja de ser algo que ves en revistas, en redes o en clase y se convierte en algo que ocurre delante de ti: prendas que hay que preparar, decisiones que se toman en segundos, equipos trabajando con una precisión increíble. Es ahí donde muchas personas empiezan a descubrir qué lugar quieren ocupar en este mundo.

Para algunos será el estilismo.
Para otros la dirección creativa.
Para otros la producción o el trabajo visual.

Pero en todos los casos pasa algo parecido: la moda deja de ser solo una idea y empieza a sentirse como un lugar al que perteneces.

La moda también se aprende en los bastidores

A menudo vemos solo el resultado final: el desfile perfecto, la colección, las imágenes. Pero una gran parte del aprendizaje ocurre en lugares menos visibles: talleres, estudios, equipos de trabajo… y también en los bastidores de una pasarela.

Ahí es donde se entiende cuánto trabajo hay detrás de cada prenda, cada look y cada momento que aparece en la pasarela.

Y ahí es donde muchas personas descubren algo importante.

Que la moda, además de ser creatividad, espectáculo y cultura visual, también es un oficio.

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